NO ESTOY SOL@

Dedicado a Liliana, con base en lo que le sucedió hace algunas semanas…

Desde la tarde, estaba en un acelere total; venía de atender a la comisión internacional que se hallaba alojada en el Gran Hotel y ni cuenta me di de la hora; era casi media noche y estaba fatigada. Mi casa estaba cerca, a cinco cuadras, y decidí irme sola, caminando en paz, aquietando mis pensamientos y evaluando la pesada jornada del día que por fin estaba terminando.

No había avanzado más que dos cuadras cuando al voltear la esquina me topé frente a frente con un individuo de unos 40 años, moreno, bien plantado y vestido de negro, quien me detuvo y amablemente me pidió que me quedara quieta, que no dijera nada y le entregara todo lo que traía; me di cuenta que el hombre llevaba algo en su mano izquierda dentro del bolsillo de su chaqueta y decidí cooperar entregándolo todo: celular, billetera y reloj; el hombre tomó el celular, el dinero y el reloj, y me devolvió la billetera con los documentos personales. Parecía un ladrón decente.

Para despedirse, el atracador me puso la mejilla y me pidió un beso; mi corazón se aceleró aún más; sentí mucho miedo pero accedí; al acercarme, el tipo me sujetó fuertemente, volteó la cara y puso su boca frente a la mía intentando ir más allá de un simple beso de despedida; entré en pánico y sentí que el mundo daba vueltas; experimenté un fuerte mareo y supe que debía hacer algo de inmediato pues el hombre quería ir más lejos: éste había olfateado mi miedo, lo que excitaba su pulsión y su agresividad. Estaba perdiendo el control sobre mí misma.

Me di cuenta que por la calle bajaba un vehículo que pasaría a nuestro lado en un instante; sin pensarlo dos veces me separé bruscamente del sujeto, me lancé como una loca a la calle y me paré de frente al carro en actitud de súplica pues la voz no salía; era un taxi; el conductor se detuvo en seco y me abalancé sobre el capó; el taxista debió imaginarse que se trataba de un atraco pues trató de arrancar y quitarme a la fuerza; cambié de lado, me paré junto a la puerta del conductor, la abrí y entré pidiendo ayuda con voz ahogada; él no creyó nada, me empujó fuera y asustado arrancó.

El atracador miraba atento, no quería perder su presa y quiso volver a atacar; sin embargo, detrás del taxi había llegado otro carro y su conductor se dio perfecta cuenta de lo que estaba pasando; se bajó y me auxilió de inmediato tomándome de un brazo y haciendo un gran escándalo para espantar al asaltante quien vio frustradas sus pretensiones y puso pies en polvorosa calle arriba.

No pude hacer algo diferente a abrazarme a mi salvador y le pedí que me acompañara al lugar de donde venía; estaba mareada, angustiada y descompuesta. Allí me recibieron y me auxiliaron, encontrando un refugio donde poco a poco fui recuperando la calma.

Han pasado varias semanas desde el infortunado episodio y poco a poco, he ido entendiendo las lecciones de gran valor que encierra lo que sucedió esa noche. No sólo comprendí la importancia de cuidarme y estar más atenta para no facilitar las pretensiones de los oportunistas que tanto abundan en las calles; también comprendí que hay ocasiones en que la vida puede parecerse mucho a esta historia.

En el momento menos pensado algo que andaba muy escondido entre las sombras del alma, se presenta sin avisar y ataca; se quiere quedar con todos los recursos y nada lo sacia; es el caso de mi inseguridad, mis celos, mi ira, mi envidia, mis resentimientos, mi depresión, mi necesidad de reconocimiento o mi miedo a la soledad… Si entro en pánico o desesperanza, y si pierdo la conciencia y el centro, es posible que genere sin querer, una situación favorable a ese depredador interno, a ese asaltante insaciable entregándole sin pensar toda mi energía, mi optimismo, mi esperanza, mi determinación, quedándome poco a poco con el espíritu debilitado o vacío.

Pero así como habita en mí la sombra, habita también la luz; está representada en la mujer y el hombre que llevo dentro: mi fuerza femenina, creativa, intuitiva y sabia que conoce lo que necesito para estar sana, para estar a salvo de los depredadores y vivir plena y auténticamente mi vida. Y mi fuerza masculina, transformadora, realizadora y ejecutiva que con determinación y sin dudarlo un instante, atiende mi pedido femenino y hace lo necesario para realizar su llamado y sus deseos, defendiéndome incluso de aquellos seres sombríos que quieren aprovecharse y nutrirse quitándome la luz.

Así fue como supe para qué sucedió lo que me sucedió, y ahora ando por la vida más atenta y más tranquila sabiendo que no estoy sola y que en mi interior habitan personajes que dialogan y se apoyan para que yo y mi vida estemos bien.

Camilo Roa Mackenzie
camiloroa@sentidovital.com
http://www.sentidovital.com

Comentarios

  • guauuu…. gracias por compartirlo,
    me alegro que ella hubiera reaccionado y ahora este bien, y me hace acordar de nuestras reuniones en las que hablabamos de los depredadores internos y externos… ahi estan convivimos con ellos, y si es rescatar ese dialogo interno entre esas dos fuerzas para que prevalezca la vida ..el eros…
    gracias Camilo por compartirlo.

  • Camilo, que buena comparaciòn!!!
    Si, hay que estar atentos a los sentimientos que tenemos escondidos en nuestra alma, que en muchas ocasiones nos juegan malas jugadas.
    Abrazos,
    Marce……….

  • ! me encanto lo lei y me hace tanto bien ,en este momento que tanto lo nesecito. gracias

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