EL AMOR NO ES LO QUE CREÍMOS QUE ES

EL AMOR NO ES LO QUE CREÍMOS QUE ES

Puede ser que el amor no sea lo que usted creyó que es, y que esa falsa creencia  esté generando en su vida y en la de los que le rodean sinsentido y dolor.

A pesar de tantos avances tecnológicos y humanísticos vivimos una época de analfabetismo en muchos aspectos: analfabetismo emocional (validar y expresar emociones), analfabetismo corporal (la “cosificación” del cuerpo), analfabetismo social (individualismo, inequidad e indiferencia), analfabetismo espiritual (observarse y trascender) y analfabetismo amoroso. A éste último –que considero incluye a los cuatro primeros- quiero referirme en este blog y en el próximo.

En su concepción más elemental, el analfabetismo es la incapacidad de leer y escribir por carencia de aprendizaje. Entonces, podríamos afirmar que el analfabetismo amoroso es la incapacidad de recibir (leer) y dar (escribir, expresar) amor por carencia de vivencias amorosas. Creo que este vacío de la experiencia amorosa tiene mucho que ver con falsas creencias alrededor de lo que es el amor.

¿Por qué estoy tan seguro de este analfabetismo? Por los síntomas presentes en la vida cotidiana de muchos adultos, adolescentes y niños: violencia, depresión, autoritarismo, estrés, soledad, adicciones, conformismo, indiferencia, suicidio y otros más. Me pregunto a diario -y he preguntado a varios expertos- si estos síntomas de analfabetismo y desnutrición amorosa van en aumento o en disminución, y ¿sabe? hasta ahora ni yo ni nadie se atreve a asegurar lo uno o lo otro; y usted, ¿qué opina? ¿Qué cree? ¿Qué siente? ¿Crece o disminuye en nuestra sociedad el analfabetismo amoroso?

Tengo la certeza de que en cada uno de nosotros están la esencia y la sabiduría amorosa pero que se encuentran restringidas y enmascaradas por las tan arraigadas falsas creencias que provienen de una tradición y una cultura educativa, religiosa,  publicitaria y mediática fundamentadas en el miedo, la amenaza y la culpa (aclaro y admito en este punto que es evidente un cambio muy positivo en estas instancias pero nos falta mucho camino por recorrer).

Por lo anterior, considero que para hacerle contrapeso a este analfabetismo, es necesario hacer procesos de reeducación con un doble propósito:

  • Recuperar la experiencia amorosa en nosotros los adultos revisando y aclarando cuidadosamente el concepto que tenemos del amor y llevándolo a la práctica en la vida cotidiana, y
  • Cuidando como un tesoro la experiencia amorosa en los niños y adolescentes para no arruinarla o al menos para que no la refundan. En esto tiene una especial responsabilidad la educación (familia, escuela, medios), pero como la educación está en manos de los adultos, el primer propósito es fundamental pues “la palabra convence, pero el ejemplo arrastra”.

Ahora bien, definir conceptualmente el amor es difícil y osado pues más que un concepto, es una experiencia, una vivencia; sin embargo, es posible intentar aproximarse a una  definición que sea útil para comprenderlo y vivirlo. Para esto, es muy práctico comenzar por lo que éste NO ES, y para hacerlo me apoyaré en autores como Scott Peck (La Nueva Psicología del Amor) y Erich Fromm (El Arte de Amar), y también en la experiencia cotidiana, las canciones y los dichos populares.

¿Qué NO ES el amor? ¿Cuáles son esos grandes mitos y falsas creencias?

  • El amor no es sólo enamorarse; tarde o temprano llega el desenamoramiento y es a partir de ese momento que comprendemos que el amor se construye.
  • El amor no es tragedia y sufrimiento; acaso, “¿amor se escribe con llanto?”
  • El amor no es autosacrificio; no puedo dar aquello que no tengo o que no soy, y es muy diferente una donación consciente a un autosacrificio; la diferencia está en las cuentas de cobro, la cantaleta y la victimización (“pobre de mí”).
  • El amor no es dependencia; aunque el bolero diga que “sin ti, es inútil vivir…”, la realidad es que sin ti sí puedo vivir y viceversa; de lo contrario, ¿dónde queda nuestra libertad y autonomía?
  • El amor no es ausencia de conflicto; una relación sin conflictos es sospechosa…
  • El amor no es sólo un sentimiento o un deseo; todos sabemos que “el infierno está lleno de buenas intenciones…”
  • El amor no da derechos de posesión: “¿mía, aunque con otro contemples la noche…?” Piénsalo bien…
  • El amor no es melodrama; “mozo, sírvame en la copa rota, quiero sangrar gota a gota el veneno de su amor…”

Como el amor es una de nuestras necesidades más fundamentales, en la medida en que creamos que lo anterior es amor, no es de extrañar que nos veamos atrapados y anestesiados en relaciones dependientes, dolorosas y vacías donde nadie crece. De ahí que sea tan difícil salir de ese analfabetismo amoroso pues estamos ciegos y, como si fuera poco, dispuestos a pagar precios demasiado altos por un amor que puede ser ficticio.

¡Despertemos! Observemos cuidadosamente desde esta lista las telenovelas, las canciones, la publicidad, los discursos, las lecturas, los sermones, las noticias y la educación, así como nuestras relaciones amorosas, familiares, laborales y sociales; así evitaremos caer en la trampa de recibir o practicar el chantaje afectivo, la manipulación, la victimización y el maltrato, todo en nombre del amor. El amor no es nada de esto; no comamos más cuento. Recuperemos la experiencia amorosa y tengamos mucho cuidado con la versión del amor que estamos pasando a las siguientes generaciones. Es cuestión de vida, de sentido común, de dignidad y de cuidado.

¿Qué es entonces el amor? Ya hablaremos de esto. Por ahora observemos lo que NO ES y vayamos sacando nuestras propias experiencias y conclusiones acerca de lo que SÍ ES; sólo quiero invitarlos a recordar que el amor cuida la vida y que como dijo uno de mis maestros, “el amor transforma positivamente todo lo que toca”.

Hasta la próxima.

Camilo Roa Mackenzie

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